diumenge, 4 de desembre de 2016

EL ESPÍRITU DEL VERANO

"VOLAR" es un libro recopilatorio de citas sobre las aves a lo largo de las obras de Henry D. Thoureau. Otro tesoro de reflexión y expresión de aquel escritor libertario y visionario del siglo XIX.
El fragmento que reproduzco a continuación es una de las entradas en su diario personal. Un botón de muestra de su genio y de como se introduce en la realidad de las cosas para extraer aquello que siente importante, comunicable a sus semejantes. Comunica profundamente conmigo *. Por eso lo comparto.


12 de enero de 1855. Mediodía.
A la laguna de Flint por el prado de Minott

Quizá lo que más nos conmueve del invierno es una reminiscéncia que nos llega desde el lejano verano.Y cómo nos regocijamos al pasar junto a un arroyo que ya no está helado. Cuánta belleza hay en los arroyos que vuelven a correr. Cuánta vida. Y en qué buena compañía nos sentimos. El frío es superficial, y lo esencial, muy, muy adentro, sigue siendo el verano. Lo vemos en el graznido del cuervo, en el cacareo del gallo, en el calor del sol que cae sobre nuestros hombros. Lejos, muy lejos, alcanzo a oír el débil graznido de un cuervo, que resuena en el lindero invisible de un bosque, como si el vapor primaveral que el sol consigue extraer del suelo estuviera amortiguando su sonido. Y ahora se mezcla con los tenues murmullos que llegan del pueblo, con el ruido de los niños que juegan, y al igual que un arroyo al desembocar con suavidad en otro, funde el agua salvaje con el agua dócil. ¡Qué sonido más hermoso! Y no se trata tan solo de un cuervo que llame a otro cuervo, porque ese sonido también me está llamando a mí. Formo parte, con él, de una misma criatura. Y si él tiene voz, yo tengo oídos. Siempre que me llame podré oírlo, y me he comprometido a no dispararle ni arrojarle piedras si quiere lanzarme sus graznidos cuado llegue la primavera. Por un lado, se diría, se oye el ruido de los niños que recitan sus as y sus bes y sus abecés en la escuela, y por el otro, a lo lejos, en el horizonte festoneado de bosques, se oyen los graznidos de los cuervos, que llegan desde sus benditas y eternas vacaciones, siempre en sus escondrijos, como niños expulsados del colegio.

Henry D. Thoureau



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